Llegó al hospital para dar a luz, pero el médico rompió a llorar en cuanto vio al recién nacido…
Llegó al hospital para dar a luz, pero el médico rompió a llorar en cuanto vio al recién nacido…
Entró al hospital sola.
Sin marido.
Sin familia.
Sin nadie que le tomara la mano mientras las contracciones se volvían más fuertes y rápidas.
Solo una pequeña maleta, un suéter desgastado y un corazón que ya estaba roto mucho antes de que empezara el dolor.
Se llamaba Lucía Herrera, tenía veintiséis años, y ya había aprendido por las malas que a veces ser madre significa convertirse en una persona completamente nueva de la noche a la mañana.
En la recepción del Hospital San Gabriel, la enfermera sonrió amablemente.
—¿Viene su marido?
Lucía esbozó una pequeña sonrisa forzada.
—Llegará pronto.
Era una mentira que había repetido tantas veces que casi sonaba real. ¿La verdad?
Adrián Vega la había abandonado siete meses antes, la misma noche en que ella le dijo que estaba embarazada.
Sin gritos.
Sin discusiones.
Sin una despedida dramática.
Simplemente preparó una maleta, dijo que necesitaba "tiempo para pensar"... y desapareció.
Lucía lloró durante semanas.
Entonces, un día, dejó de llorar.
No porque dejara de doler, sino porque el dolor ya no tenía a dónde ir.
Trabajaba turnos dobles. Ahorraba cada centavo. Hablaba con su bebé todas las noches con la mano sobre el vientre.