El meteórico ascenso de Johnny Depp al estrellato suele percibirse como glamuroso, pero tras la fama se esconde una infancia marcada por el miedo y la inestabilidad. Nacido en Kentucky, el menor de cuatro hermanos, Depp creció mudándose con frecuencia, hasta que finalmente se estableció en Miramar, Florida. Incluso dentro de la familia, la seguridad era un lujo. Depp ha descrito haber sufrido abusos físicos a manos de su madre, Betty Sue Palmer, mientras que su padre permanecía impasible, absorbiendo el caos sin reaccionar. El abuso verbal y psicológico le dejó profundas cicatrices emocionales, y el posterior divorcio no hizo sino agravar esta inestabilidad.
La madre de Depp sufría de depresión e intentó suicidarse, lo que le causó aún más traumas. A los once años, ya tomaba medicamentos recetados, y a los catorce, experimentaba con drogas, una forma de adormecer el dolor de un hogar inestable. Dejó el instituto en 1979, se unió a una banda y se convirtió en actor casi por casualidad, gracias a una sugerencia de Nicolas Cage. Sus primeros papeles en Pesadilla en Elm Street y 21 Jump Street le dieron fama, pero Depp se negó a conformarse con las convenciones de Hollywood, prefiriendo papeles y colaboraciones poco convencionales. Su interpretación del Capitán Jack Sparrow en Piratas del Caribe consolidó su estatus icónico, combinando carisma y excentricidad.